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Descubrir el siglo XIXe

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Esta ficha te llevará a descubrir el siglo XIX

 

Momento crucial de la historia, el siglo XIX (aproximadamente de 1815 a 1914) es ante todo el siglo de Europa y de la segunda revolución industrial. Como consecuencia de la Revolución francesa de 1789, las antiguas estructuras sociales y políticas pierden vitalidad en favor de metamorfosis profundas.


Intelectuales, eruditos y, evidentemente, artistas de la época se lanzan en cuerpo y alma a la investigación científica, tecnológica y también artística. Profundos cambios estéticos dan lugar a numerosas corrientes, algunas de las cuales trataremos aquí. Tan complementarias como indispensables para el avance del siglo, se caracterizan todas ellas por especificidades muy destacadas.

 

 

El siglo XIX

 

Momento crucial de la historia, el siglo XIX (aproximadamente de 1815 a 1914) es ante todo EL siglo de Europa y de la segunda revolución industrial. Como consecuencia de la Revolución francesa de 1789, las antiguas estructuras sociales y políticas pierden vitalidad en favor de metamorfosis profundas. Intelectuales, eruditos y, evidentemente, artistas de la época se lanzan en cuerpo y alma a la investigación científica, tecnológica y también artística. Profundos cambios estéticos dan lugar a numerosas corrientes, algunas de las cuales trataremos aquí. Tan complementarias como indispensables para el avance del siglo, se caracterizan todas ellas por especificidades muy destacadas.   

 

Que nada, la Academia

 

En 1830 se produce el fin definitivo de la Restauración, periodo durante el cual recuperó su importancia el poder monárquico en torno a los reyes Luis XVIII y Carlos X, hermanos de Luis XVI. Es en ese momento cuando se instaura la monarquía de julio, encabezada por la casa de Orléans, una rama menor de los borbones. En ese mismo momento, el academicismo se impone como el estilo oficial, impuesto y reconocido por la Academia de Bellas Artes de París. Se establece un movimiento convencional que dará que hablar hasta la década de 1880.      

Tras las puertas de la Academia
La Academia de Bellas Artes parisina fue considerada en su época la más resplandeciente de todas. ¿Cómo está organizada? Reúne distintos eruditos y artistas para asegurarse el control, pero también la producción, de las obras de arte. Evidentemente, también protegen a sus creadores y les garantizan una reputación.
De hecho, la Academia funciona como una escuela de arte con prueba de acceso, un ciclo de formación, un «examen final» en forma de proyecto, un viaje de estudios a Italia para los alumnos más destacados para descubrir a los pintores del Renacimiento, una feria donde se exponen y se venden las obras más convencionales, etc. Muchos peldaños por subir para poder ser reconocidos por sus contemporáneos. 


Un estilo pictórico muy regulado   
La práctica de la pintura académica exige ante todo respetar unas normas estrictas. En cuanto a la temática, se priorizan la historia, las épocas antiguas y el interés por el orientalismo. Y en lo referente a los géneros, la pintura de escenas históricas, el arte del retrato y el desnudo dominan las producciones artísticas. 
Por lo tanto, los pintores deben privilegiar los temas nobles y, sobre todo, demostrar que dominan perfectamente el dibujo. ¿Cuáles eran sus modelos? Principalmente, los pintores del Renacimiento, pero también los del neoclasicismo francés, como David.

Los principios fundamentales     
Impuestos por la Academia de Bellas Artes, los artistas respetan estos principios al pie de la letra: 
• Priorización del dibujo, el estudio de la anatomía y el desnudo
• Búsqueda de la perfección en el trazo, el volumen y las tensiones
• Búsqueda de la culminación de la obra
• Imitación los Antiguos y a la naturaleza
• Práctica de la pincelada suave y el glacis 
• Exactitud en la representación de lo real
• Regreso al trabajo en el taller

Algunos pintores famosos del Academicismo:
Alexandre Cabanel, François Joseph Heim, Gustave Boulanger, Thomas Couture, Paul Delaroche, Jean-Léon Gerôme, William Bouguereau, Léon Perrault.

 

El momento del realismo

 

El levantamiento del pueblo, la instauración de la Segunda República, las preocupaciones sociales y económicas... Es principalmente este contexto histórico tan tenso el que «inspira» a los artistas de la época. Lejos del idealismo romántico y como reacción al academicismo, el realismo tiene sus orígenes en el corazón de la sociedad y posteriormente se convierte en un movimiento con de pleno derecho entre 1850 y 1870.      

Respecto a la pintura...
La pintura realista nació en Francia en la década de 1840. Ilustra sobre todo el interés que despierta en los artistas la sociedad que los rodea: el medio rural, el espacio urbano, las escenas de la vida cotidiana de todo tipo... Muy alejada de los temas bíblicos o antiguos, la pintura realista se concentra en la representación «verdadera» de lo que la rodea, el «arte vivo», como le llamará precisamente Gustave Courbet, líder de esta corriente. Los temas se trivializan, se anclan a la realidad, pero paradójicamente ganan en potencia y en precisión. El lugar de observación y la preocupación por el detalle permiten captar instantes preciosos de lo cotidiano, «suspendidos» fuera del tiempo por arte y gracia de la técnica de los pintores realistas. Un poco como harán más adelante los fotógrafos.     

Las características principales de la pintura realista:
• Colores «reales» y pinceladas visibles
• Contrastes entre sombra y luz
• Representaciones de individualidades y puesta en escena de personajes expresivos
• Estudios al natural
• Exaltación del sentido social

Algunos pintores realistas famosos:
Gustave Courbet, Jean-Baptiste Corot, Jean-François Millet, Honoré Daumier.

 

Centrémonos en el impresionismo

 

Entre 1860 y 1880, un grupo independiente de artistas llamado «el Grupo de 1863» decide «cambiar» los códigos artísticos e imponer su pintura alejada de las normas demasiado estrictas de la Academia. Asistimos a una auténtica explosión de talleres de artistas en los que es posible pintar con total libertad. 
En 1874, al no poder exponer en el Salón de los pintores académicos, los impresionistas exponen en casa del fotógrafo Nadar, que les acoge de forma amistosa. Es entonces cuando se utiliza por primera vez el término «impresionistas», después de las críticas al cuadro Impresión, sol naciente de Monet, un cuadro percibido como inacabado que sin embargo tendrá su papel en el reconocimiento artístico absoluto del movimiento.     


Respecto a la pintura...
A su manera, la revolución industrial contribuye asimismo a la explosión del movimiento impresionista: tubos de pintura listos para utilizar, caballetes más ligeros y fáciles de transportar... Los pintores salen de sus talleres para ir directamente a los lugares que les inspiran. Y los nuevos medios de transporte también se utilizan con este fin: el tren, el barco... A ellos les debemos una gran cantidad de paisajes de toda Francia y también de Europa.


Respecto a los colores, se deja paso a la pureza, a la viveza y a la yuxtaposición de pinceladas en forma de coma. ¿Con qué objetivo? Con el de dar cuenta de la descomposición de la luz y de sus múltiples efectos sobre los paisajes. La estación, la hora del día, el tiempo... Hay muchos criterios que influyen poderosamente en la pintura impresionista. 
 

Respecto a la temática, se centra en los paisajes, ya sean urbanos o campestres, en los lugares de trabajo y de encuentro como las fábricas y las estaciones, pero también en los momentos de fiesta y de ocio.  

Algunos pintores impresionistas famosos:
Édouard Manet, Henri Fantin-Latour, Alphonse Legros, Edgar Degas, Paul Cézanne, Claude Monet, Auguste Renoir.

 

¿Cómo funciona el neoimpresionismo?

 

La pintura y los pintores ganan en independencia y se afirman por una suerte de «extremismo». El movimiento impresionista se radicaliza para dar forma al neoimpresionismo, que a su vez hará entrar el arte en el siglo XX.

¿Cuál es su principio? Utilizar el color en forma de toques diminutos para crear una especie de ilusión de la imagen. El trabajo de la mirada sobre la obra de arte evoluciona en paralelo.   

Paso al color.
Los avances científicos en el campo de la óptica conllevan también una nueva percepción del círculo cromático. La idea es explotar al máximo los colores potenciando su pureza y brillo. De hecho, es esta búsqueda de los contrastes más auténticos lo que caracteriza las pinturas neoimpresionistas, que tampoco olvidan el sentido de la geometría, el ritmo, los arabescos y, evidentemente, la luz. La pintura neoimpresionista se sostiene sobre una reflexión científica original. 
Los colores ya no se mezclan en la paleta o en la tela; se yuxtaponen mediante pequeñas «manchas» que interpelan con más eficacia al ojo del espectador. Se trata de una técnica que evolucionará hacia lo que, en la década de 1880, se llamará el divisionismo y, más tarde, el puntillismo, es decir, la explosión de la luminosidad gracias al trabajo con los colores.  
En lo referente a las temáticas, los pintores neoimpresionistas retoman las de los impresionistas. 

Algunos pintores neoimpresionistas famosos:
Georges Seurat, Paul Signac, Lucien Pissarro, Vincent Van Gogh, Émile Bernard, Albert Dubois-Pillet, Charles Angrand, Henri-Edmond Cross.

 

Paul Gauguin y el cloisonismo

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el pintor Paul Gauguin se impone progresivamente en el universo artístico. Influenciado por su infancia en América Latina y su gusto por los viajes y el exotismo, Gauguin logra imponer su arte. En 1874, su encuentro con Pissarro transforma su visión sobre la pintura. Iniciado en el paisaje impresionista, también aprende a trabajar la luminosidad y los colores. Entre 1879 y 1886 expone junto a los más grandes, y empieza a afirmar su independencia respecto a las convenciones.   
Durante el verano de 1888, Paul Gauguin rompe con el movimiento impresionista pero sin dejar de profesar auténtica admiración por Pissarro, Cézanne y Degas. Crea la Escuela de Pont-Aven y hace evolucionar su pintura en profundidad. También se encamina hacia el arte de la vidriera con la creación del cloisonismo.
Más adelante, en 1891, decide irse a Polinesia en busca de sus indígenas y de tribus lejanas, de la verdad y de la autenticidad. De Tahití a las Islas Marquesas, su pintura gana en fuerza imaginativa, en simbolismo, en misticismo y en vitalidad. Como si fuera etnólogo, se impregna de la cultura maorí, de donde estilizará ciertas características en sus telas. 


7 características del cloisonismo :
• Telas compuestas por grandes zonas de colores lisos
• Uso de siluetas negras para delimitar y poner de relieve las formas 
• Simplificación máxima de las formas
• Ausencia de perspectiva
• Colores alejados de los de la realidad
• Inspiración en los estampados japoneses, las imágenes de Épinal y el arte primitivo 
• Tendencia hacia la abstracción
• Búsqueda de la armonía de colores oscuros y de la disonancia


Algunas pinturas de Paul Gauguin:
Estudio de un desnudo o Suzanne cosiendo; Vegetación tropical, Martinica 1887; La visión tras el sermón, 1888; La bella Angèle; Palabras del diablo, 1892; ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?  1897  

Algunos pintores del cloisonismo:
Luis Anqutin, Émile Bernard, Maurice Denis, Henri de Toulouse-Lautrec, Vincent Van Gogh (con su estilo propio).

 

El fauvismo y el fin de siglo

 

¡El fauvismo trata, sobre todo, del color y de un gran paso hacia el siglo XX y su modernidad! En efecto, esta corriente se inscribe totalmente en la transición entre ambos siglos y se desarrolla a principios de la década de 1900. Sin embargo, y a pesar de su corta vida, marcará a toda Europa.

Henri Matisse, la cabeza visible de este movimiento, allanará el camino para un nuevo tratamiento de la intensidad del color y de la definición de formas simples. ¿Con qué objetivo? Buscar la provocación, es decir, impactar para despertar conciencias. «¡Son fieras! », dirá un crítico al hablar de los artistas de este movimiento. Y de ahí su nombre (fiera es fauve en francés). A pesar de esto, Henri Matisse se defenderá durante mucho tiempo de esta «acusación» alegando que él solamente pretendía reconstruir el paraíso del hombre y la mujer mediante contrastes de colores sorprendentes y la generación de emociones. Una suerte de reinvención del arte de pintar. 


Respecto a la pintura...
Las telas se tiñen de rojo, verde y amarillo. Los colores ya no se mezclan ni en la paleta ni en la tela. Se aplican sin artificios, directamente del tubo, y dan cuenta de toda su elocuencia y su poder de sugestión. Solamente mediante el dibujo, simplificado hasta ser casi un recurso decorativo, consigue Matisse dar la impresión de volumen utilizando básicamente colores lisos, como en su famoso Desnudo azul IV, realizado sobre papel Canson®. Pero también busca crear una forma de «banalidad»: los distintos objetos que componen sus telas pueden hacer pensar en simples trozos de papel pintados y pegados uno al lado del otro. Si embargo, consigue explorar mediante su trabajo las potencialidades particulares de la luz, procurando que el dibujo y el color se unan para siempre.


Algunas obras de Henri Matisse:
Mujer con sombrero, 1905; Laurette con turbante blanco; Desnudo negro y dorado; Habitación con vistas al mar; Interior con fonógrafo; Desnudo alargado; Jardines de Luxemburgo; Lujo, calma y voluptuosidad.

Algunos pintores famosos del fauvismo:
Henri Matisse, André Derain, Pierre Bonnard, Maurice de Vlaminck, Albert Marquet.

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